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Cómo saber si una persona es nihilista

  • Algunos relacionan nihilismo con pesimismo, pero son conceptos muy distintos.

El uso común del lenguaje tiende a identificar el nihilismo con el pesimismo. Una persona que todo lo ve mal, que no ve futuro, que no cree que las cosas salgan bien es alguien pesimista, pero no nihilista.

¿Qué es el pesimismo? La Real Academia Española lo define así: “Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más desfavorable. Sinónimos: Derrotismo, desánimo, negatividad, desesperanza, desespero, desmoralización, catastrofismo, desilusión. Antónimo: optimismo.”

La psicología y la psiquiatría enmarcan al pesimismo como un estado de ánimo, una actitud negativa ante la vida, síntoma de depresión. Pesimismo viene del latín, pessimum, que significa “lo peor”.

¿Y el nihilismo, de que nos habla? De la nada (nihil, en latín).

Primera diferencia: la nada no es lo peor. Lo peor se refiere siempre a algo, no a la nada. Segunda diferencia: el nihilismo no es un estado de ánimo, es un sistema filosófico que tuvo su origen literario en el escritor ruso Fiodor Dostoievski y en el filósofo alemán Friedrich Nietzsche.

Cómo piensa un nihilista

El film Leviatán (2015), una historia nihilista e interpeladora. Foto: IFAEl film Leviatán (2015), una historia nihilista e interpeladora. Foto: IFA

Volvamos a la Real Academia Española. Alguien nihilista es “escéptico, negador, anarquista”. Niega todo principio religioso, político y social trascendente, no hay fundamentos ni finalidades que puedan sostener el pensamiento y la acción del hombre. No hay Dios ni principios morales objetivos, estas son ideas generadas por el ser humano entre miles de otras posibles.

Nietzsche decretó que “Dios ha muerto”: quizás sea esta la frase más popular de esta doctrina basada en la negación de valores supremos. Dios muere junto con los conceptos morales del Bien y el Mal, la Razón y la Verdad absoluta.

Un nihilista sostiene que el desarrollo de la humanidad está sometido a una constante lucha de fuerzas, el hombre solo muestra su “Voluntad de poder” (otra frase icónica de Nietzsche, título de uno de sus libros).

El filósofo cuestiona al racionalismo que interpreta a los fenómenos de manera mecanicista y matemática, creando una idea de equilibrio, orden e inmutabilidad, cuando en realidad la vida y el universo son el resultado de una lucha de fuerzas caóticas y desiguales.

“El ser, en tanto voluntad de poder, es un perpetuo devenir, una pluralidad de fuerzas cambiantes, que ofrecen infinitas posibilidades de interpretación”, así lo define el Taller de Conceptos de la Junta de Andalucía.

Nietzsche decretó: "Dios ha muerto". Una doctrina basada en la negación de valores supremos. Foto: Clarín.Nietzsche decretó: “Dios ha muerto”. Una doctrina basada en la negación de valores supremos. Foto: Clarín.

La religión, la moral y la ciencia son solo unas pocas entre las infinitas perspectivas posibles para observar al hombre, al mundo, al universo y el devenir del tiempo. Ninguna perspectiva tiene la verdad y, a la vez, todas la tienen. “Las verdades absolutas de la metafísica o de la ciencia son sólo perspectivas, son ficciones parciales que tapan al resto de las perspectivas que son igualmente válidas”, agrega esta publicación española.

Para un nihilista la evolución es caótica, una lucha de fuerzas no ordenadas por o hacia una finalidad. Foto: Clarín.Para un nihilista la evolución es caótica, una lucha de fuerzas no ordenadas por o hacia una finalidad. Foto: Clarín.

Ser nihilista es afirmar que no son Dios ni la Moral ni la Razón los que guían nuestras acciones ni las del mundo, o que esas ideas solo son unas pocas entre tantas otras fuerzas enmarañadas, como las pasiones, el deseo y el arte, que luchan entre si y prevalecen transitoriamente unos sobre otras. La evolución es caótica, es una lucha de fuerzas no ordenada por o hacia una finalidad.

Ser nihilista es descreer de un orden y un organizador supremo. Es entender que nuestra evolución como humanidad no es lineal ni equilibrada ni armónica, sino que responde al carácter caótico de la naturaleza. Y esto no es ni bueno ni malo, y mucho menos un estado de ánimo. Es una visión del mundo que en nada se parece a la depresión o desesperanza.

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