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Tiene un chip cerebral para frenar el Parkinson, le robaron el dispositivo que lo controla y está desesperada

“Están volviendo los síntomas”, aseguró preocupada Belinda Bruno sobre la distonía parkinsoniana que le diagnosticaron hace un año y medio y por la cual se sometió a una cirugía de alta complejidad en enero de este año. La frase no remite a la exitosa operación, sino al robo de un controlador de US$43.000 que le servía para controlar los dolores.

El 12 de enero de este año la mujer oriunda de Luján ingresó al quirófano para que le realicen un implante que le iba a servir para estimular el cerebro y así poder aplacar los síntomas que sufre desde hace más de 20 años.

La operación resultó todo un éxito a tal punto de que no necesitó postoperatorio ni tampoco tuvo consecuencias por la anestesia. Solamente tenía que hacer reuniones virtuales para ajustar los parámetros del implante desde un pequeño controlador y así no sufrir los síntomas. “A veces hacemos reuniones cada una semana y otras veces dos veces por día, depende de los síntomas”, contó sobre el tratamiento.

Un departamento en Mar del Plata que heredó hace un tiempo la obligó a viajar a la Costa Atlántica. “Me gusta viajar en tren y fui sola porque todos trabajaban”, dijo a TN Belinda, que es madre de tres hijos y está casada hace más de dos décadas.

Antes consultó a los médicos, que le dieron el visto bueno para viajar, pero le ajustaron los parámetros desde el controlador y de manera virtual. “Me lo dejaron en un parámetro que me resultaba cómodo para que no tuviera ningún síntoma fuerte”, explicó.

El 12 de marzo, dos meses después de ingresar al quirófano, entró al tren en Constitución y cinco horas después bajó en Mar del Plata. Siempre pegada al maletín en el que tenía el famoso controlador, fundamental para su salud.

Ya en destino y casi por cordialidad, se acercó a saludar a la mujer que se había sentado a su lado en el vagón. Fueron segundos que perdió de vista el maletín y cuando giró para bajarse del tren se dio cuenta de que no estaba.

“Era alguien que estaba arriba del tren y se bajó”, pensó Belinda en ese momento. Rápidamente, comenzó a gritar y trató de buscar al personal del tren para que le dieran algún tipo de asistencia: “Me imaginé que el ladrón iba caminando entre toda la gente”.

La mujer de 62 años contó que en el lugar había mucha gente de la Policía Federal, por lo que creyó que el operativo iba a ser más profundo: “Pensé que iban a dar aviso a la entrada, pero no tuvieron ninguna reacción y la policía tampoco. Me decían que tenía que hacer la denuncia y yo les decía que la persona se estaba yendo con mi maletín”.

Lejos de poder identificar al delincuente, tuvo que ir a la comisaría N°4 de Mar del Plata a hacer la denuncia. “Me dijeron que hay muchas cámaras y que las pida. Es muy sencillo porque es el tren que llegó de Buenos Aires a las 12.05. Si me dejan ver ese pedacito de cámara puedo ver si salió alguien con algo envuelto”, dijo Belinda.

Pero no le permitieron ver las cámaras: “Las pedí y me dijeron que no. Me dijeron que todo se veía en Buenos Aires. Cuando llegué a Buenos Aires fue lo primero que pedí, pero no hubo manera de que yo consiguiera los datos. Todas las oficinas eran boleterías”.

A casi un mes de todo ese episodio, Belinda no tiene respuestas y los síntomas cada vez son más fuertes. A los dolores se le suma la lógica angustia de no saber si va a poder conseguir solución para su grave problema y la inacción de las fuerzas de seguridad para tratar de recuperar el maletín.

“No hago otra cosa que pensar en eso, estoy muy nerviosa. Pienso que si lo tiraron a la basura, ya sé que no lo tengo más. Porque puede ser que lo hayan abierto y ahí mismo lo hayan tirado a la basura. Prefiero que alguien lo tenga, que lo haya encontrado”, señaló.

En ese sentido, dejó un mensaje para la persona que le sacó el maletín: “Le diría que no le sirve de nada eso y que para mí es de vital importancia. Ni siquiera quiero que me lo dé a mí, que lo deje por ahí. Que lo lleve a alguna ventanilla de la boletería de Mar del Plata o en cualquier lugar para que alguien pueda levantarlo. Es parte mía eso, es mi salud, es lo que tanto les costó hacer a los médicos”.

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